martes, 24 de mayo de 2016

"Estudia mucho y tendrás un buen trabajo"


Es algo que se daba por hecho cuando yo estaba en la ESO. Si estudiabas, no solo sabrías más cosas, sino que además tendrías la seguridad (ahora mismo impensable) de encontrar un trabajo "de lo tuyo", con unas condiciones fantásticas y un sueldo que te permitiese vivir la vida loca si eso es lo que deseabas. Hoy día, mi generación, la de los veinteañeros españoles, somos la que más hemos estudiado, y la que más palos se está llevando. 

Tengo la "desgracia" de haber nacido siendo una pura inútil para los números. Yo, en mi ignorancia infinita, lo intenté y pasé años sintiéndome una desgraciada, un desecho humano, alguien vacío para la sociedad. Nadie quería que yo estudiase letras. Excepto yo.

Así que decidí dejar de ser lo que no era y estudié Geografía e Historia. Y hay personas que jamás dejarán de echármelo en cara, como si hubiese sido la peor decisión que tomé en la vida. Porque un ingeniero puede exiliarse a Alemania, un enfermero a Inglaterra...¿pero dónde va un historiador? A la cola del paro, eso es obvio.

Pero: quiero decir desde aquí, a todas esas personas que por desgracia piensan que yo soy el fallo en el sistema, que yo y mi inutilidad y mi desinterés para y por las ciencias no sociales coexistimos con plenitud y tranquilidad y que el sistema y todos los que lo han creado son los que fallan...y encima, os han hecho creer que los humanistas sobramos. 

Y, cuando definitivamente sobremos, os harán creer lo que quieran

miércoles, 18 de mayo de 2016

Cambios


Esta tarde, mientras estaba junto a la estación de autobuses embobada en el paso de tranvía, he tenido una visión del pasado. He recordado cómo, hace casi 16 años, llegué a la que ahora es mi casa, que ni si quiera estaba acabada, y cuando mis padres me dijeron "mira, Natalia, este va a ser tu cuarto", miré por la ventana y empecé a llorar. Cuando mi padre me preguntó por qué lloraba, le respondí que "no me gustaba que hubiera una grúa en el patio". 

Hoy, después de vivir una situación parecida (aunque sin grúas traumáticas) he notado que algo cambiaba. ¿Será el comienzo de una nueva etapa?

domingo, 15 de mayo de 2016

El color de tu vida


Es extraño que viendo Eurovisión me haya encontrado con una canción que me ponga los vellos de punta. Pero así es. 

martes, 10 de mayo de 2016

Lágrimas pasadas


Han sido días de nervios, de tensión, de fumar un cigarro tras otro, de dormir a saltos y de mirar al infinito como si allí fuera a encontrar la respuesta a todas mis preguntas. Es posible que ninguna de ellas tenga solución, y eso es lo que más me inquieta.

Ahora mismo me siento tranquila, arropada, y en cierta forma contenta, porque en estos días mucha gente me ha demostrado que me aprecia y ha entendido mi dolor. Cada uno a su forma...con abrazos, con apretones cariñosos en el hombro, con largas conversaciones, otros incluso solo con la mirada...

Todos nos sentimos impotentes ante la muerte, eso es algo indudable, y yo, hasta ahora, ni si quiera sabía lo que era. Quiero hacerme a la idea de que tan solo es algo natural, que tenemos que asumir como único destino fijo...y también es algo doloroso, pues por cada persona que se va, tienes un trocito de alma menos, arrancada sin piedad. Solo hay que tratar de aceptar el trámite, tan frío y tan crudo como es. "Solo".

miércoles, 4 de mayo de 2016

Adiós


Cuando mi padre me ha saludado con un simple "buenos días" esta mañana por whatsapp, nada más conectarme yo, solo he podido pensar una cosa: "no voy a volver a ver a mi abuelo nunca más". Ya tenía la certeza lo que me diría, y ni si quiera me he sentido asustada, porque mi abuelo llevaba años muriendo.

Las últimas veces que lo he visto, siempre sentado en el sillón de su salita, "como la Virgen de los Reyes", como dice una tía mia sobre la postura de mi abuelo, siempre venía a mi mente el mismo pensamiento: "pronto no estará". Llevaba enfermo mucho, mucho tiempo, pero los últimos meses han sido de caída estrepitosa...por eso, siempre que me despedía de él, dándole un beso en la mejilla suave y cálida, recién afeitada, le sonreía para que no tuviera miedo, para que supiera que le agradecía su callada presencia siempre que los visitaba y que, aunque no se lo dijera con palabras, fuera consciente de que lo iba a echar mucho de menos.

No creo que nunca pueda hacerme a la idea de que nunca más veré a Pepe Avilés paseando por la terraza de la casa de Mazagón, con su inteligente mirada clavada en algún periódico, o de pie en la orilla del mar con un gesto de paz enorme en su cara (el mismo que pone mi padre, tan parecido a él), o en su cocina cortando jamón cuando lo visitábamos, o en los almuerzos del día de San José con una sonrisa amplia cuando le llevábamos los regalos, o en el sillón de su salón, cuando lo pegaba a la tele para ver los partidos de su Sevilla F.C. y se reía (ha, ha, ha) de lo malos que eran los jugadores. 

Soy consciente de que ese Pepe Avilés dejó de existir hace años, pero hoy, solo hoy, el día en el que se ha ido con su Virgen María, me doy cuenta de que no está. Ya no. Ahora solo queda asimilarlo.

domingo, 1 de mayo de 2016

Días negros


Ayer.

Uno de esos días en los que me entraron ganas de bloquearme. De tumbarme en el suelo frío y mirar al techo, como solía hacer cuando tenía diecisiete. Pero no lo hice...sencillamente porque que mi cerebro y mi cuerpo se bloqueen ya no es lo mío. O no quiero que sea lo mío. 

Tuve una especie de crisis de fe. Y no en Dios. Eso ya no me importa. Una crisis de fe en la humanidad. Y al principio no entendí por qué, al ir por la calle, todos me parecieron unos desalmados potencialmente peligrosos, pero luego comprendí, a través de un ejercicio de memoria, que últimamente casi todo el mundo me ha hecho daño. ¿Por tonterías? Sí, tal vez. Pero estoy harta de aguantar, aguantar y aguantar, de esforzarme en entender, en escuchar y en ayudar...muchas veces sin obtener nada a cambio, o incluso cosas malas. 

A pesar de todo...fui a hacer algo de deporte, alguien especial me hizo reír a carcajadas y todo pareció transformarse un poco.

La madurez hace que las crisis no lo sean tanto y que me permita a mi misma ser algo más humana...dejando que quien quiera hacerlo, me dé la mano y me saque de los agujeros que a veces yo misma cavo.