Esta era yo en 2010.
Ha pasado bastante tiempo, y es extraño, porque tengo la certeza de que de verdad ha pasado.
Sé que muchos echan la vista atrás y piensan que "parece que fue ayer", pero yo, al verme y al pensarme en 2010, reconozco pocas cosas de la Natalia actual: la cabezonería, el punto de orgullo innecesario, la lágrima fácil, la música, los ratos de escritura...poco más. Siento que, seis años después, mi cerebro está mucho más lleno de cosas tanto buenas como malas, de experiencias que he vivido y que deseo vivir, de inquietudes que ni por asomo antes tenía, de decepciones, de alegrías, de lecciones aprendidas y de ganas de prosperar y ser independiente.
En aquel momento, mi forma de salir de mi zona de confort fue pasar de ser una muchacha angelical en términos generales, que hacía todo lo que se esperaba de ella de forma obediente y con la cabeza gacha, a convertirme en una oveja negra, en un intento de antisistema que quería ser ella misma a través de una máscara que en aquel momento fue muy efectiva. Tan solo quería demostrarme que yo no era siempre previsible y que mi vida no tenía que ser lo que la sociedad esperaba de mi, sino lo que a mi me diera la gana que fuera. Y supongo que lo conseguí: enfadé a muchos y extrañé a otros.
Ahora, me siento en un punto de partida parecido. Tengo ganas de que algo cambie, y es una idea que llevo repitiendo a lo largo y ancho de este blog. Llevo alrededor de un año notando esto, y no creo que en esta ocasión funcione pasarme al negro de nuevo. Necesito algo fuerte, irme, volar, experimentar, intentar cosas nuevas, demostrarme a mi misma que la vida es mucho más que la universidad y mi ciudad de siempre. Ojalá pronto...

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