miércoles, 30 de noviembre de 2016

Estoy viva porque respiro


No me gusta como salgo en esta foto, pero ella en sí me encanta...sobre todo por el momento que retrata. Ese día me lo pasé muy bien, con un simple paseo al sol.

Hace algunas semanas que no disfruto de mi vida como suelo hacerlo, como lo hice aquel día. Con placeres sencillos, con cosas que me encantan de mi rutina. No me gustan las cosas tal y como están, y me estoy empezando a obsesionar por cambiar algo que no sé qué es exactamente. ¿Cómo arreglar un motor si no sabes qué pieza debes cambiar? 

No entiendo qué ha pasado, y no sé por qué me da la sensación de estar viviendo una vida paralela a la mía, como si me hubieran abducido y me hubieran colocado en un mundo donde debería estar otra Natalia. Esta no es mi realidad, no puede serlo: la de llorar casi todos los días de rabia y pena, la de volver de la universidad con el corazón encogido por un motivo o por otro, la de querer volverme esquiva y pasota y solo conseguir ser una parodia de ello. No te esfuerces en comprenderme, lector o lectora, porque ni si quiera yo lo hago. Quiero que me comprendas, por favor, compréndeme...

Yo. ¿Quién es yo? Yo soy una estudiante: es mi seña de identidad. La eterna estudiante. Vivo por y para estudiar, y mientras, veo cómo todo a mi alrededor se derrumba. No, esa no soy yo...yo soy Natalia, curiosa, vivaz, cabezona, llorona, sentimental, negativa, adicta al chocolate, fumadora social, historiadora, la de los eternos pies fríos...

Lo veo a él alejándose a 500 kilómetros por hora, sin mirar atrás y sin apenas darse cuenta. Mientras, yo no sé si lanzarle una cuerda para que vuelva a mi o darle un empujón por la espalda. Quiero que te vayas, vete. ¿Qué más te da? Ni si quiera preguntas cómo me siento, ni si quiera te apetece confirmar que estoy en un agujero.
Veo a mi familia cenando al calor de la estufa en el salón mientras yo lo hago sola en la cocina. ¿Os he importado alguna vez? 
Veo a mis compañeros de clase reírse de las soplapolladas que suelta el profesor mientras a mi me sientan como un tiro en la espalda. Todo era una puta mentira.
Me veo a mi misma sin parar de leer, de estudiar inglés, de estar en clase, y todo gira a mi alrededor, y los días pasan, y yo me amargo, y cada día me queda menos para morir, para que todo se acabe, para que mi vida no exista y para que los demás no me recuerden. Acaba con esto.

Hacía tiempo que no necesitaba el botón de off  en mis pensamientos.

¿Y a quién le importa, Natalia? ¿A quién le importas? Necesito hablar, necesito hablar...necesito hablar y nadie quiere hablar conmigo, solo quieren si es para contarme sus problemas, porque tú no tienes problemas Natalia, eres feliz, no tienes motivos para enfadarte, para ponerte triste, nunca, jamás, no te lo perdonaremos.

Escucho su risa desde aquí, desde la soledad de mi habitación. Todo en esta casa quiere ser blanco, inmaculado, y yo soy negra, con miles de reveses y de curvas, con millones de enredos, totalmente manchada de caos y de dolor. Pero para ella todo es blanco, todo es perfecto.

Hay un monstruo en mi interior que quiere salir y eliminar a todos los contactos que tengo en todas las redes sociales habidas y por haber. Todos sois falsos, no os quiero en mi vida si no sois capaces de comprenderme, si no queréis comprenderme, si os la sudo. Sois hologramas de personas para mi.

"22.00". Cómo puedes estar tranquilo mientras yo estoy luchando contra mi propia razón para estar frente al ordenador escribiendo este vómito. No te entiendo. ¿Quién eres?

"Ya volverá todo a la normalidad".

Mi mente es el más perverso de mis enemigos, pero sé que es la que más me entiende. 

No sé cómo acabar esto. Así que solo diré lo que tengo ganas de hacer: pum. Fundido a negro.



jueves, 10 de noviembre de 2016

Lack of emotion


Siempre que llego a este blog, no sé muy bien qué escribir. Supongo que será porque es el sitio que he elegido para expresar mi caos interior. 
Antes de empezar este curso, llevaba mucho tiempo sin conocer a nadie nuevo. De pronto, me hallo en un aula con otras 47 personas a las que no he visto jamás. 
En los últimos tiempos, toda aquella persona que entraba en mi vida acababa saliendo poco después: ya sea por rechazo de ella hacia mí, de mí hacia ella, o por simple indiferencia. A pesar de esto, no me enfrenté a toda esta gente con miedo, sino que he improvisado totalmente, mostrándome como soy totalmente...¿para qué fingir? ¿Qué más da si luego todo sale mal?

Sin embargo, ayer, cuando al salir de clase a las nueve de la noche tras cinco horas bastante intensas a dos compañeros les dio por darme un abrazo (él) y un beso (ella), cada uno a su forma...algo se me removió dentro. De pronto, mi cuerpo se llenó de adrenalina y me sentí eufórica, tuve ganas de correr por todo el campus. ¿Cómo iba a esperar una muestra tan franca (pues noté que así era) de afecto por parte de dos personas a las que conozco de hace apenas una semana? A cualquiera que me lea sin conocerme le parecerá una gilipollez esto que escribo ("¿qué tienen de especial un abrazo o un beso, tampoco es para tanto?"), sin embargo, yo me he empeñado desde casi siempre en parecer y creer que soy un cactus con muchos muchos pinchos ante la gente que no conozco demasiado, e incluso con mis amigos tampoco soy muy cariñosa (¿a cuantos les doy muestras físicas de aprecio?). Sin embargo, ellos, con los que he pasado 25 horas de mi vida en total, supieron ver ayer, en mis ojeras acumuladas de cansancio semanal y un triste "adiós, chicos" que les dí como despedida, que quizás podrían alegrarme con aquellos gestos que para mí significaron estar una hora sintiéndome una persona bastante más feliz. 

No puedo negar que me alegro mucho de haber despertado cariño en gente nueva, pues empezaba a pensar que ya no caería bien a nadie nunca más...me hacía mucha falta esto. 

jueves, 3 de noviembre de 2016

Memories



Esta era yo en 2010. 

Ha pasado bastante tiempo, y es extraño, porque tengo la certeza de que de verdad ha pasado. 

Sé que muchos echan la vista atrás y piensan que "parece que fue ayer", pero yo, al verme y al pensarme en 2010, reconozco pocas cosas de la Natalia actual: la cabezonería, el punto de orgullo innecesario, la lágrima fácil, la música, los ratos de escritura...poco más. Siento que, seis años después, mi cerebro está mucho más lleno de cosas tanto buenas como malas, de experiencias que he vivido y que deseo vivir, de inquietudes que ni por asomo antes tenía, de decepciones, de alegrías, de lecciones aprendidas y de ganas de prosperar y ser independiente. 

En aquel momento, mi forma de salir de mi zona de confort fue pasar de ser una muchacha angelical en términos generales, que hacía todo lo que se esperaba de ella de forma obediente y con la cabeza gacha, a convertirme en una oveja negra, en un intento de antisistema que quería ser ella misma a través de una máscara que en aquel momento fue muy efectiva. Tan solo quería demostrarme que yo no era siempre previsible y que mi vida no tenía que ser lo que la sociedad esperaba de mi, sino lo que a mi me diera la gana que fuera. Y supongo que lo conseguí: enfadé a muchos y extrañé a otros.

Ahora, me siento en un punto de partida parecido. Tengo ganas de que algo cambie, y es una idea que llevo repitiendo a lo largo y ancho de este blog. Llevo alrededor de un año notando esto, y no creo que en esta ocasión funcione pasarme al negro de nuevo. Necesito algo fuerte, irme, volar, experimentar, intentar cosas nuevas, demostrarme a mi misma que la vida es mucho más que la universidad y mi ciudad de siempre. Ojalá pronto...