domingo, 7 de mayo de 2017

Un año sin él


Hace unos días fue el aniversario de tu marcha.

El tiempo pasa volando, pero la herida que dejó tu pérdida ha cicatrizado. Ese día, a mis 23 años de edad (tarde, pienso yo) aprendí que, por suerte (de esto estoy segura) no somos eternos.

Y aunque ya no pueda verte, te siento. Porque estás en todas partes: en el rugir de las olas, en el olor de un libro, en un paseo por mi ciudad, en las historias de mi abuela. Existes. 

Gracias por darme una última lección: la de mostrarme que somos seres finitos, y que cada día debe tener la oportunidad de ser el mejor de tu vida.