Hoy he llegado a la conclusión de que es uno de esos días en los que no soporto a nadie y que, por tanto, nadie me soporta a mi, porque soy arisca, desagradable y estúpida hasta decir basta con cualquiera que se me ponga por delante.
Supongo que me puedo permitir un día malo cada cierto tiempo. No hace tanto de aquella época en la que siete días a la semana eran "días malos", así que se puede decir que he mejorado bastante.
El caso es que hoy tengo la certeza de ser un alienígena que no ha llegado a la Tierra por voluntad propia y que sufre una constante agonía por volver a su planeta natal, un lugar donde lo entiendan y no le frunzan el ceño cada vez que habla, un lugar donde lo escuchen y alguien acuda en su ayuda de vez en cuando.